Ana Torres Psicóloga en Sevilla

ESTOY DE ANIVERSARIO

Hola! Soy Ana y desde pequeña me ha llamado poderosamente la atención el porque de las cosas. Mi madre siempre cuenta que he sido la niña más pesada del mundo preguntando a cada cosa ¿y por qué? ¿y por qué? ¿y por qué? No me valía una respuesta de si o no, yo quería todos los argumentos ¡todos, todos!

Mi curiosidad innata se fue uniendo a mis ganas de conocer el mundo emocional de los demás ¿qué les llevaba a comportarse así? ¿ellos mismos? ¿sus padres? ¿los amigos? Tenía ganas de comprenderlos y de ayudarlos en sus tristezas y dolores. Así que desde pequeña ya era esa amiga a la que les contabas tus confidencias. Con mi hermana, 4 años mayor que yo, compartíamos habitación y estábamos hasta altas horas de la noche hablando y hablando sobre nuestros problemas infantiles ¡y yo le daba posibles soluciones! Me hace muchísima gracia ahora acordarme de esta anécdota

Ya en la adolescencia con 16 años dije en casa “yo quiero ser psicóloga”, en casa me miraron con cara de sorpresa y me respondieron ¿quieres ser el qué? Siempre había sido muy deportista y parecía que me iba a decantar por esas latitudes así que se quedaron extrañados. Después de una visita al orientador del instituto, que los calmó, diciéndole que era una profesión de futuro, toda mi energía la puse en llevar a la práctica mi sueño.

Me considero una afortunada por haber tenido una vocación tan clara desde pequeña. Así, hice la carrera aquí en Sevilla. Los primeros años fueron muy duros, justo a los meses de llegar aquí falleció mí padre de repente. Parte de la familia quería que dejara los estudios y que me pusiera a trabajar pero mí madre lo tenía claro. Me sentó días después de lo ocurrido y me dijo:

Tú a estudiar, así que ya estas haciendo la maleta que vas a perder el autobús, que del resto me encargo yo.

Con 23 años ya comencé mi primer trabajo. Hice las prácticas de la universidad en la Delegación de la Mujer, porque mi vena feminista fue otra de las características claras que me motivaban desde que era una niña. La lucha por un mundo más justo e igualitario para las mujeres era mi bandera. En esos momentos, a raíz de un curso, conozco a 14 mujeres maravillosas, que nos unimos en esta lucha. Nos reíamos mucho y teníamos nuestros zapatos para las manifestaciones. Y comienza mi andadura profesional.

De eso ya han pasado 20 años, ¿qué puedo decir de mi trabajo? Que ha sido un camino difícil y motivador. No me he cansado de mirarme, de buscarme la vida para poder dedicarme a esto, de formarme, a veces de estar perdida y en los últimos tiempos encontrando respuestas y tranquilidad. Que no me cansaré de volver a decir que soy una afortunada por hacer lo que hago. Me apasiona. Me encanta. Al comienzo las personas vienen con miedos, resistencias, y a veces, muchas dudas sobre la terapia. A medida que van ocurriendo las sesiones, nos vamos conociendo, vamos creando un lenguaje común. Las primeras sesiones yo hablo mucho. Sí, soy una psicóloga que da muchas explicaciones. Esos porqués infantiles se han ido llenando de mapas conceptuales que dan respuestas a esas preguntas. Todas esas respuestas que yo he encontrado para mí las comparto con las personas que acuden a consulta.

A medida que van pasando las sesiones la persona me va mostrando todo lo que lleva dentro. Sus dolores, sus alegrías, su incomprensión, sus partes más claras y también sus sombras, las partes que menos le gustan. Juntos/as vamos poniendo nombre a lo que le pasa, expresando emociones enterradas  en sus cuerpos y que estaban deseosas de salir. Todo eso va sanando, porque sale a la luz, porque se expresa y se integra de una manera diferente. En muchas de las sesiones se me ponen los pelos de puntas porque me emociona lo que las personas llevamos dentro y me emociona más aún ser testigo de como la persona va deconstruyéndose y transformándose en alguien más auténtico.

Así que como hablaba el otro día con mi amiga María, que también es terapeuta, y le pasa lo mismo. Igual que lo he compartido otras veces con otras amigas, que tienen el mismo sentir. La mayoría de los días salgo de la consulta con más energía y alegría de la que entré. Por supuesto, también tiene su cruz, es una profesión solitaria y a veces te llevas tus dudas y tus malestares tu sola a casa. Tiene muchas horas de dedicación. Hoy me decían en mi casa, ¡por dios Ana deja ya de estudiar y de hacer cursos! Es verdad que me pego la vida diciendo, el último, el último, pero en el fondo sé que no es verdad.

Peeeeeeerooooo así soy, que le vamos hacer, me apasiona lo que hago y espero poder seguir haciéndolo muchos aniversarios más

Gracias a cada persona que viene a verme, que confía en mí, que se atreve a compartir sus dolores, enfados y alegrías conmigo. Que comparte su historia personal y que es una valiente y un valiente por atreverse a mirar ahí dentro y hacer de ella y de él un lugar mejor en el que vivir, y por lo tanto, un mundo más sano y comprensivo para todos/as

Gracias Gracias Gracias

Gracias a mi madre y a mi hermana por trabajar duro para hacer posible que yo cumpliera mis sueños

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